La crisis del Barça alcanzó en Montilivi una nueva dimensión. Se autodestruyó en un partido lleno de claves, mensajes y proclamaciones. En Cibeles, el madridismo celebró el título cuatro jornadas antes de terminar el campeonato, aunque tenía el pescado vendido desde hace mucho tiempo. Se ha paseado en una Liga donde solo sintió la oposición del Girona en la primera vuelta. El Girona, que hace dos años ascendió con fórceps a la Primera División, disputará la próxima edición de la Liga de Campeones, proeza que en términos futbolísticos es lo más parecido a poner el pie del hombre en Marte. Portu, la quintaesencia del jugador que ha recorrido toda clase de estaciones en su trayecto profesional, machacó al Barça en apenas diez minutos, el tiempo que se tomó en aparecer en el campo, marcar dos goles, anticipar otro y culminar la épica remontada del Girona. Tiene sentido que fuera Portu, bandera sentimental de un club que hace las cosas bien y a su debido tiempo, el héroe de una fecha inolvidable. Igual de simbólico es que ocurriera frente al Barça, que se empeña en hacer todo a destiempo.
Las ocurrencias se pagan