No hay equipo de fútbol que lo ponga peor para ser descrito. El Barça de Xavi es un enigma que, eso sí, siempre suele acabar mal. En Montilivi elevó su apuesta firmando posiblemente los mejores sesenta minutos de la temporada para luego borrarlos a través de una de sus vías favoritas: la autodestrucción. Un pellizco del Girona, extraordinario equipo sometido hasta entonces, provocó a partir del 2-2 el usual ataque de pánico de los blaugrana, un grupo que se viene caracterizando por tener poco carácter ante la adversidad. Unos días es la expulsión de Araújo, otros un error de Sergi Roberto… Son cosas del fútbol, un juego de errores, pero para este Barça parecen catástrofes naturales ante las que no queda otra que salir corriendo. El fútbol no funciona así, hay que saber gestionar los buenos momentos (marcar las ocasiones cuando tienes más de diez como en Montilivi) y sufrir con las botas puestas cuando el campo se inclina en contra. El revolcón final, uno más, deja a los barcelonistas terceros en la clasificación, superados por el Girona, segundo, y a 14 puntos del campeón, un sólido Real Madrid que vive de maravilla desde hace demasiado tiempo. La famosa pancarta laportista tuvo efecto electoral pero no práctico. Visto lo visto no ha hecho ni cosquillas en la capital espa­ñola.

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