Habíamos perdido a Taty Castellanos y a Oriol Romeu. Estábamos depresivos. Pero en el primer entrenamiento de Savinho le dije a Quique [Cárcel, director deportivo] que íbamos a quedar entre los ocho primeros”. Se quedó cortó. Muy corto. Porque Míchel Sánchez se ha convertido en un cumplesueños al timón de un Girona que ha escrito una historia brillante, peculiar, hasta cierto punto romántica y, sobre todo, encomiable.
Girona, cuando la realidad supera los sueños