Hace una semana Ansu Fati hizo una visita exprés a Barcelona. Comió con los suyos, se vio con sus agentes y también con su amigo, el también blaugrana Alejandro Balde. Después regresó a Brighton, ciudad en la que reside desde septiembre cuando el Barcelona le cedió al equipo que entrena De Zerbi sin opción de compra. El objetivo era que el delantero desarrollara su fútbol en la Premier y ganara confianza después de crecer, despuntar y caer en el Barça por culpa de las lesiones y de la gestión de las siempre peligrosas expectativas. Ansu Fati, aún jovencísimo (21 años), ha sentido esa presión. Y su regreso al Barça es, a día de hoy, muy improbable.

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