El mundo del deporte se ha transformado en un espectáculo extraordinario. Lo que supone en cuanto a ingresos –marcas, televisiones, agentes, clubs, jugadores…– es de tal dimensión que nadie quiere renunciar a su parte del pastel. Y eso exige tanto que está llevando a los profesionales a sufrir muchísimas lesiones físicas y, no nos engañemos, también mentales.

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