Aquel 6 de mayo de 2009, de imborrable recuerdo para el barcelonismo, el gol de Iniesta le nubló el pensamiento a millones de personas. Gritos, abrazos, saltos… euforia al fin y al cabo. Seguramente, el que se mantuvo más cuerdo de todos fue Sylvio Mendes Sylvinho (Sao Paulo, 1974), que estaba en el banquillo y fue corriendo a por Pep Guardiola, que había salido disparado por la estrecha banda de Stamford Bridge, para serenarle y recordarle que le quedaban cambios para alimentar el cronómetro de cara a llegar a la final de Roma. El brasileño parecía cimentar así lo que es ahora una incipiente carrera como entrenador.
El “día inolvidable” de Sylvinho