Esta Eurocopa parece un homenaje póstumo a Luis García Berlanga, el más frívolo y profundo de los directores de cine de este país al que por un día llamaremos España. En todas sus grandes películas, sin venir a vals, colocaba una mención al “imperio austro-húngaro”, que tantos disgustos dio a Europa en 1914, pero que la gente de mi generación se tomaba a chufla, húsares y opereta.
Aquí, el más húngarose clasifica