La noche de San Juan fue larga para la afición y la plantilla del Espanyol, una fiesta más que merecida tras lograr el ascenso. Pero la euforia por el regreso a Primera no debe tapar la dura realidad perica. El equipo evitó el desastre que hubiera significado seguir en Segunda, un futuro negro con un riesgo real de recortes en todas las parcelas. Volver a la élite no cambia en gran medida la delicada situación que atraviesa el club, con una deuda de 57 millones, 30 generados en la temporada del descenso.
Después del ascenso, cantera y austeridad