Dos partidos bien distintos abrieron el turno en los octavos de final de la Eurocopa, que continuará con Alemania, previsible rival de España en la siguiente ronda, pero sin la selección italiana, derribada sin el menor problema por Suiza y sometida a un desprestigio feroz. No le queda ni su vieja identidad, el soporte de la astucia y la eficacia defensiva que sostenía a Italia en las grandes competiciones. Es un caso brutal de hundimiento.

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