El pasado lunes, unos guardacostas mauritanos fueron los primeros en avistar la tragedia. Al escudriñar el horizonte con sus prismáticos en la costa frente a N’diago, en el suroeste del país, divisaron a cuatro kilómetros de la orilla un cayuco semihundido lleno de personas. Cuando llegaron, se asomaron al infierno: en la barcaza había 89 muertos, nueve supervivientes (entre ellos una niña de cinco años) y otros 70 pasajeros habían desa­parecido bajo el mar.

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