Solo hay un ciclista que ataca en el Tour. Es el único que arriesga y se sale de la norma, de la monotonía, que no acepta el redil. Se llama Tadej Pogacar y no le importa ir vestido de amarillo. No le frenan ni las tácticas ni los miedos. Quiere ser campeón a su manera, al ataque, a lo grande, por aplastamiento. El espectáculo lo está poniendo él. Hasta el punto de que a veces parece que solo él quiere ganar la carrera. Su ambición es desmedida. Y, como no podía ser de otra forma, quiso dejar su sello en el primer final en alto de la carrera, en la primera gran jornada pirinaica. Donde sacó músculo al conseguir las diferencias más grandes hasta ahora. 39 segundos saca a Vingegaard, que ya debe recuperar cerca de dos minutos.

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