En las piscinas, el clásico lo disputan Australia y Estados Unidos, las dos superpotencias que llevan su rivalidad en la natación a un nivel incandescente. Los Juegos Olímpicos definen el fragor de los dos equipos, que se miran a distancia, cada uno en un hemisferio, a la espera del desafío final. Las figuras, pongamos que Cate Campbell, la gran especialista en los 100 metros, recientemente retirada, no se ahorran comentarios y bravatas, en medio de una hostilidad que no admite la competencia de otras naciones. El único vínculo de afinidad que conecta a Estados Unidos y Australia en materia natatoria es el desdén por los nadadores y nadadoras chinas. Las dos delegaciones acusan al WADA –máximo organismo mundial en la lucha contra el dopaje– de condescendencia con China, pero esas sospechas pasan a segundo término cuando comienza la batalla entre corcheras. En la primera jornada, Australia se impuso por dos oros (400 metros libres femenino y el relevo de mujeres 4×100) a uno (Estados Unidos venció en el relevo 4×100 masculino).

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