EE.UU., potencia antiguamente acostumbrada a mirar a la corchera de al lado y encontrar poco rival, se está habituando a todo lo contrario. Australia, el payaso que nos atemoriza de niños debajo de la cama, no para de sobresaltarla. En el medallero del Mundial de Fukuoka, ganado por China aunque con sospechas de dopaje que han reaparecido en el colosal pabellón de La Défense, los australianos ya se colgaron más oros que los estadounidenses con una ventaja sonora: 15 a 7. Cierto es que los americanos lograron más preseas en total, pero el color dorado manda para dilucidar al vencedor en el medallero y ahí los unos doblaron a los otros.

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