Un bronce ganado a pulso. Una medalla sudada hasta el último instante. Un podio con todo el merecimiento del mundo. El último ataque fue esloveno pero la defensa española aguantó y Gonzalo Pérez de Vargas paró el definitivo intento del rival. 23-22 para España, que se rehizo del mazazo de semifinales para llevarse un premio que se ganaron desde el principio de los Juegos. Casi siempre en la élite, casi siempre respondiendo con carácter el equipo de Jordi Ribera le dio la medalla número 18 al equipo español. Y lo hizo con temple. Con un jugador como Aleix Gómez, soberbio, que abandonó el parquet a rastras de los auxiliares tras recibir un golpe que no fue señalado como penalti en la penúltima jugada del partido. Pero ni eso descentró a la selección.
El balonmano español se catapulta hasta el bronce