Con un palmo de narices. Cuando se las prometía muy felices. El final del cuento parecía que ya estaba escrito después del fenomenal trabajo del Visma. Pero Wout van Aert se quedó estupefacto porque Kaden Groves se coló en su fiesta. Hay que ser muy bueno, muy rápido, muy potente para dejar sin el caramelo a un ciclista como el belga, que se había propuesto ganar sí o sí en Villablino y se quedó con las ganas, derrotado.

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