Para los integrantes de la selección israelí de fútbol que participa en la Nations League, ser goleada 4-1 por Francia y por Italia o perder con Bélgica es lo de menos. Tampoco importa demasiado pasarse largas temporadas en Budapest –la capital europea con una mayor comunidad judía–, o jugar los partidos como local en el pequeño Bozsik Stadium de los suburbios de la ciudad, al lado de una autovía, rodeado de edificios de arquitectura brutalista propios del telón de acero y con capacidad para solo 8.200 espectadores. Lo peor es pensar lo que está pasando en casa, y cómo estarán las familias (unos cuantos jugadores son árabes y muchos de los judíos tienen parientes que luchan en el frente).
Exilio en Budapest