Carlos Sainz se podrá despedir de Ferrari con los deberes hechos y sin ninguna espina al lograr en México su anhelada victoria, la segunda de la temporada (después de la de Australia) y la cuarta en la F-1, todas de rojo. El madrileño edificó su triunfo en un adelantamiento soberbio, de agresividad y genio, arrancando las pegatinas al Red Bull de un Max Verstappen que tuvo que claudicar y volvió a hacer de las suyas con Lando Norris. 

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