Pocos jugadores había con una confianza en sí mismo como Frenkie de Jong cuando aterrizó en el Barcelona. Desprendía aura en cada una de sus características conducciones, transpiraba dotes de mando en sus tomas de decisiones y no le temblaba el pulso cuando recibía de espaldas para regatear al riesgo y al rival. A eso siempre le ha acompañado un nivel de autoexigencia superior. Pero las tres lesiones consecutivas en el tobillo derecho que sufrió el jugador del Barça la temporada pasada han hecho mella en su físico, pero también en su cabeza. Las heridas menos superficiales son, a veces, las más difícil de limpiar.

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