No fue solo un punto. Fue la confirmación de que el camino es el correcto. Pese a las lesiones. Pese al calendario. Incluso, pese a ese sueño europeo convertido en pesadilla. Son varios los males que han llevado al Girona a no reconocerse en el espejo esta temporada. Pero tras tres triunfos consecutivos en la Liga, que habían abierto una senda, un punto de partida para seguir creciendo, la visita a La Cerámica se presentaba como una oportunidad para medir el nivel real de los rojiblancos. Ante un conjunto castellonense siempre difícil. El cuarto en la clasificación. En un campo donde los aficionados solo han visto una derrota este año. Un reto de entidad ante el Villarreal que acabó con un empate de fe, de creer a pies juntillas en la metodología de Míchel aunque el marcador reflejara dos goles en contra al inicio del segundo tiempo.
Krejci da un punto de fe al Girona en el minuto 97