No es lo mismo que un Mundial en piscina de 50 metros, cierto. No es igual lógicamente que unos Juegos Olímpicos, donde todas las figuras del planeta ponen su máximo empeño en subirse al podio. Pero tampoco es baladí. Por un lado porque no lo había logrado ningún español antes. Por el otro porque la natación del país necesita de nombres propios y de banderines de enganche que puedan intentar coger el relevo de estrellas como lo fue en su día la inmensa Mireia Belmonte. De repente, Carles Coll. De repente, una mirada a la piscina en invierno. De repente, un éxito que tener en cuenta. Hasta el momento no había desembarcado en el primer plano, aunque sí estuvo en los Juegos de París como miembro del relevo 4×100 estilos. Pero en Budapest ha nadado de una manera desencadenada, poderosa y valiente. Fluido y sin presiones su medalla de oro llega además con una marca sensacional, en el top ten de las mejores de siempre, para dar más lustre a su metal.
Coll, una gran luz entre las tinieblas