Ocurrió dos veces seguidas y, aunque se percibió apenas un instante, muchos culés reconocimos aquella mirada. A mí me recorrió un escalofrío. En la pasada jornada contra el Betis, cuando el equipo corría contrarreloj para no empatar el partido tras un penalti desesperante, por estúpido, de De Jong sobre Vitor Roque, ocurrió algo diferente: cuando el partido se cubrió de nubarrones, el brillo en los ojos de Lamine Yamal cambió. Con solo 17 años, se erigió en líder y desplegó un recital de regates y asistencias que desembocó en el gol de Ferran Torres. La cara de desesperación de Yamal tras el 2 a 2 final del Betis, ya sin tiempo para la reacción, me llevó de viaje a la nostalgia. Aquella mirada triste, frustrada por un empate que creía evitable, la había visto antes.
Una mirada en la tormenta