Una de las habilidades de Joan Laporta: no perder la sonrisa sean cuáles sean las circunstancias. Será una virtud, pero en momentos de desbarajuste institucional como el actual muchos culés le agradecerían cierta contención expresiva. Laporta siempre ha combatido el catastrofismo y militado a favor de la ilusión. La caricatura del “¡Al loro, que no estamos tan mal!” le sigue definiendo. Si Laporta fuera el capitán del Titanic, acusaría al iceberg de madridismo sociológico antes que admitir ineptitudes flagrantes al timón de la nave.
El genio de la lámpara