Tambores de guerra. Anda el barcelonismo revuelto. Muchos años después vuelve a sobrevolar la palabra “dimisión” por el siempre indescifrable entorno. Y esta vez con Joan Laporta como destinatario. Que Dani Olmo y Pau Víctor no tengan licencia para hacer su trabajo parece haber sido la gota que ha colmado el vaso. Y el balón, siempre él, aparece como el mejor antídoto, aunque esta vez parece que su alivio sólo sería pasajero. Como un oasis en un desierto. Como la Supercopa de España para un Barça en el que se multiplican los incendios y que sigue pendiente de la resolución de los juristas. Esta vez toca el CSD, que debe decidir sobre la petición de cautelarísima presentada este martes por la mañana a la desesperada por los azulgrana. “Quizás es una oportunidad para que el equipo se una aún más”, espetaba Flick, intentando ocultar su malestar con un toque de optimismo.
Salid y esperad: el Barça busca la final de la Supercopa pendiente de Dani Olmo