Celebró el Sevilla su 135 aniversario en una tarde fresca en Nervión, pero no pudo soplar ni las velas. Se las apagó en las narices un Espanyol solidario con una propuesta seria y serena al fin. No hubo nervios excesivos esta vez. La ansiedad, que otras veces hacía su presencia en cantidades industriales, no fue un problema. El equipo blanquiazul se comportó como debe, ofreció oficio, sacrificio y ciertas dosis de ambición. Con eso fue suficiente para sumar un punto que sabe a gloria ante un rival que quizás mereció más. Marcó Kumbulla, actor principal de nuevo a balón parado. Y Joan García se vistió de héroe con acciones impensables, pero volvió a pecar en el gol del empate.

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