Desde que Johan Cruyff nos dejó hay infinidad de cruyffistas (todos lo somos en realidad) que se atribuyen el poder de saber qué diría el holandés ante cualquier situación actual, todo un atrevimiento teniendo en cuenta que si por algo destacaba Cruyff era por ser un genio imprevisible. De hecho, más de una vez jugueteaba con Carles Rexach a decir lo contrario de lo que se esperaba de él solo para ver qué cara ponían quienes le escuchaban. Los practicantes del “si Johan estuviera aquí haría esto y lo otro” no necesariamente le conocieron en vida, factor que confirma cuan retorcido y osado puede ser el ser humano, y ejercen una explotación de la memoria del mito elevándola hasta cotas religiosas, negando sus defectos y errores, cuando fue la superación de las imperfecciones mediante ideas radicalmente originales lo que hizo tan único a Johan Cruyff.

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