En el momento más delicado desde que Manolo González ocupa el banquillo del Espanyol, tras la derrota 4-1 frente al Girona, el lucense confesó que jamás le habían despedido de ningún equipo. Lejos de ser pretencioso, el entrenador expresaba su forma de afrontar la adversidad. Un carácter competitivo que le ayudó entonces a sobrellevar momentos muy difíciles y le ha permitido darle la vuelta a la situación por completo. Logró que su equipo no bajase los brazos y siguiese compitiendo, convirtiendo el sufrimiento de sus jugadores en deseo hasta firmar una racha muy positiva (solo una derrota en los últimos siete partidos), que se completó el pasado sábado con un triunfo soñado frente al Real Madrid.
El triunfo de Manolo González