Como un barco a la deriva, el Barça sigue navegando por su temporada a base de bandazos. A veces, logra subirse a la buena ola y amaga con llegar a buen puerto. Muchas otras, queda engullido por el agua, que entra en el casco y lo hunde un poco más, amenazando con un Titanic baloncestístico.
No todo es culpa de uno