Ya lo dijo el bueno de Estanislao Figueres, presidente de la Primera República española: “Señores, voy a serles franco: estoy hasta los cojones de todos nosotros”. No se me ocurre mejor definición del estado de ánimo de los aficionados vintage –ya preferiría pertenecer a una grada de animación juvenil– ante el circo de tres pistas montado a cuenta del arbitraje en España. Basta ya. Por compasión, por caridad, por la memoria de Paco Gento, Kubala o el bueno de Zariquiegui, el primer colegiado español que pitó en la Unión Soviética y que con el arbitraje y el sudor de su frente logró abrir una tienda de deportes en Pamplona…
“Hasta los cojones de todos nosotros”