Cuando el mundo parecía una balsa de aceite y Donald Trump no amenazaban el orden surgido de la II Guerra Mundial (y menos aún sus fronteras), los canadienses (o algunos de ellos) llegaron a presumir de haber quemado Washington, el Capitolio y la Casa Blanca en 1812. Es una interpretación un tanto sui géneris de la historia, porque el país no existía (nació como tal en 1867 y no fue plenamente independiente hasta 1982), el incidente tuvo lugar en el contexto de las guerras napoleónicas, y las tropas que realizaron la escabechina eran británicas y procedían de las Bermudas.

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