Después de ocho derrotas en los últimos nueve partidos, Míchel Sánchez, entrenador del Girona, sabía que el Santiago Bernabéu no era la mejor plaza para romper la racha. El técnico entendía que “el Madrid no debía tener su día” para poder sumar algún punto. Algo que no sucedió, porque lo que se encontró fue un equipo rival “en una gran versión”. El madrileño asumió, por tanto, la derrota de su equipo como algo natural, pero avisó que a partir de ahora la cosa debe cambiar si quieren aspirar a estar en Europa la próxima temporada.

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