Soy un apasionado del trabajo de los entrenadores, tanto de la gestión humana de los jugadores como del estilo de juego que se quiere implantar. Y esto es algo que se puede apreciar en el fútbol sin tener que ir a la élite. Y más en nuestro país, donde la formación de los entrenadores es muy elevada. Personalmente puedo decir que tuve mucha suerte en mi evolución como jugador, ya que desde que entré en el fútbol semiprofesional, coincidí con entrenadores que trataban de generar un estilo propio del juego y pedían a sus jugadores que lo asumieran. Por ejemplo un mítico entrenador catalán como Roberto Puerto abrió mi mente respecto a todo lo que se podía hacer en un campo de fútbol. En el transcurrir del los años y siguiendo con gran curiosidad la trayectoria de entrenadores que dejaban huella, me llamó la atención que de repente esos sabios, que parecía que tenían la pócima secreta, desaparecían del panorama futbolístico.
El ‘burn-out’ de Pep Guardiola