Una foto en el grupo familiar de WhatsApp. El remitente es mi hermano, hombre dado a compartir imágenes de todos los platos que cocina y del más nimio detalle del día a día de sus dos hijos. Lo de los guisos le convendría ahorrárselo, pues es ley natural que siempre sea el hermano mayor, o sea yo, quien mejor se las apañe entre fogones (¡te la debía!). Lo segundo, en cambio, es imprescindible para estar al tanto de las heroicidades de los pequeños Jordi y Carmen. Este álbum digital actualizado a diario parchea, que no elimina, la distancia física entre nosotros y permite que el resto de la familia tome nota, aunque sea de lejos, de las pequeñas y grandes heroicidades de los sobrinillos. Esta semana, por ejemplo, la cosa ha ido de disfraces. Pero la foto de la que quiero hablarles la recibí hace unos días. Posan ante la cámara más de un centenar de niños (¡me cansé de contarlos!). Todos disciplinadamente uniformados con la equipación del club de futbol de la localidad y perfectamente alineados para la instantánea oficial de la temporada.
Una foto