Domingo por la tarde con frío en el estadio, según me cuentan por teléfono mis corresponsales, con los que no puedo hablar a causa de la estridencia –hay cosas que, en vez de mejorar, empeoran– de la megafonía. Delante de la tele, tengo la esperanza de que la realización enfoque al/la culpable de semejantes berridos, pero solo consigo ver cómo, con un dinamismo impropio de la condición de publicidad estática, una plataforma ucraniana de intercambio de criptomonedas se anuncia con gran despliegue visual.
Partidos históricos (o no)