La cifra abruma, sobre todo si se tiene en cuenta que en 2022, en plena postpandemia, el Maratón de Barcelona apenas reunió a 8.000 esforzados y esforzadas. Afortunadamente tres años después la prueba goza de una magnífica salud, se ha internacionalizado mucho, cuenta con un aumento significativo del número de féminas y puede presumir de un recorrido moderamente rápido. Pero lo más importante, a nivel popular, no es si el trazado es más o menos veloz o si cuenta con más o menos curvas, sino el sueño que habita en cada uno de los corazones de los y las atletas que este domingo madrugarán, desayunarán inquietos, habrán dormido mal y se atarán las zapatillas cada uno con sus pensamientos. Para muchos lo fundamental resultará llegar y recoger una merecida medalla. Para otros batir sus marcas. Para la mayoría disfrutar del camino tras una preparación disciplinada. Los hay que suman ediciones y ediciones, años y años de recorrer las calles de su ciudad. Los hay que han estado en las urbes más relevantes del mundo batiéndose en la distancia de los 42,1 kilómetros. Y los hay que se estrenan, ya sean noveles del todo o atletas que han probado antes distancias menores. Es el
27.000 corazones palpitan en Barcelona