Pocas veces se había visto a Hansi Flick saltar tanto de alegría de un banquillo. Levantando el puño. Celebrando lo imposible. Brincando con el cuarto gol de Ferran Torres. Cuando sonó el pitido final, el Barcelona se desparramó por el suelo. Y Flick salió ante los medios sonriendo y despeinado. Fruto de la euforia. Demostrando un día más que está orgulloso de unos futbolistas que quieren competir, que tienen ilusión y que se han especializado en darle la vuelta al calcetín cuando el asunto se pone complicado. “Estoy muy feliz. Me ha gustado la mentalidad después de ir perdiendo 2-0. Ha sido increíble ver cómo le daban la vuelta”, relataba Flick.

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