“Entraríamos en otra dimensión”, dijo Míchel la temporada pasada sobre la opción de ganar en Montjuïc. Tenía razón. Aquella victoria ante el Barça, con cuatro goles, fue el despegue definitivo de un equipo que vivió la mejor campaña de su historia. Propulsado por un estilo de juego atrevido y vistoso, el nombre del Girona llegó a Europa, a la Champions. Pero la complicada gestión del éxito, desmantelada la plantilla en verano, está siendo una losa demasiado pesada para un club acostumbrado, por estructura e historia, a objetivos austeros.
El Girona o cómo morir de éxito