Alejado del lujo y la modernidad de los nuevos tiempos, Vallecas, un estadio modesto que conecta como pocos con la realidad del barrio en el que nació, es un reducto vivo de una época pretérita. Este anciano recinto roído por sus propias vivencias vio ayer como el Espanyol se deshizo de todas sus ataduras a domicilio para dar rienda suelta a un fútbol ofensivo que hacía años que no practicaba. Una exhibición primorosa que acabó con cuatro goles, pero que mereció un resultado escandaloso. La evidencia definitiva de que el Espanyol, si mantiene la flechita hacia arriba, será equipo de Primera División el año que viene.Avisó en la previa González de que había preparado “cuatro cosas” para superar la intensa presión de los madrileños. Y en cuanto el partido se sumergió en esa disputa, las cuatro cosas transformaron cada robo en el centro del campo en una ocasión clara. Un vendaval imparable ante el que nada pudo hacer un Rayo que pelea por entrar en Europa.
El Espanyol zarandea al Rayo en una noche inolvidable