Admiro a Lionel Scaloni. No le conozco personalmente pero no me hizo falta. Seguí in situ todo el trayecto de la selección argentina en el Mundial de Qatar y por detrás de Messi no tengo ninguna duda de que fue el principal artífice de aquel éxito. Empecé a darme cuenta de su importancia por su reacción después ganarle a México en un partido a todo o nada de la primera fase. La derrota inaugural ante Arabia Saudí había tensionado hasta el paroxismo a una nación que vive el fútbol entre la angustia y la pasión, pero que tuvo la fortuna de dar con el único argentino cuerdo para hacer de seleccionador. El entorno había entrado en pánico y Scaloni contragolpeó con una sensatez subversiva. “Habría que tener sentido común, recibí un llamado de mi hermano llorando. La sensación es que te estás jugando algo más que un partido de fútbol. Intentaremos corregirlo. Pero es difícil hacerle entender a la gente que mañana sale el sol, ganes o pierdas”.

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