El Madrid comenzó la cuesta de abril –cuatro ardorosas semanas de Liga, Champions y final de Copa– con un pinchazo monumental. Le derrotó el Valencia en un partido que el mundillo del fútbol había descontado de cualquier previsión que no fuera la victoria madridista. Victoria en el tiempo de prolongación, la zona Cesarini que el Real Madrid maneja mejor que nadie. Hugo Duro, el delantero que hace cuatro años abandonó la Primera División (Getafe) para jugar en la Tercera (Castilla), clavó el segundo gol del Valencia con un cabezazo perfecto, inapelable. Se vació el Bernabéu en un instante, en medio del estupor y la incredulidad de la hinchada local. La Liga está perdida, era el comentario general.
Quemadura con pomada