En la tierra donde el fútbol sabe a mar, y a marisco, claro; donde el Príncipe de las bateas, el eterno Iago Aspas, se resiste a ceder su trono a un grupo de formidables jóvenes; y donde la Rianxeira ha dejado paso a la Oliveira dos 100 anos, bendito himno el compuesto por C Tangana que ha provocado una fiebre en el celtismo. En ese lugar donde el fútbol está de moda por pura identidad, aunque vaya a quedarse sin Mundial, el Espanyol estampó su sello en forma de triunfo, el segundo consecutivo a domicilio. Se trata ya del autógrafo de un equipo maduro, capaz de soportar las tempestades que haga falta sin ceder un metro. Un ejército que ha visto la muerte de cerca tantas veces, que ha aprendido a burlarla sin aspavientos en su camino hacia una permanencia, que cada vez está más cerca y es más merecida.
El Espanyol aleja las meigas y conquista Balaídos