Al principio en esta zona que primero fue verde y nació con el nombre de village , lo habitual era moverse con traje y corbata (ellos) y con zapatos altos, y casi mejor con faldas, las señoras. Ese soberano ejercicio de elegancia y equilibrio comenzó a tener sus horas contadas el día en que la mismísima Carmen Thyssen, la baronesa, enredó uno de sus tacones en los listones del suelo de madera. Se cayó de cabeza. Comenzaron entonces a entrar las primeras zapatillas deportivas y a aflojarse, casi hasta desaparecer, faldas y corbatas. El mundo cambiaba y el village , que ya hacía tiempo que no era verde, hizo su sensacional up grade al Hospitality que es ahora. Un espacio noble y blindado. Muy al estilo de Wimbledon.
Gallina de piel