Koundé no se lo pensó dos veces. Minuto 116. Acudió al galope. Balón suelto. Le pegó con el alma, con el corazón, con la vida. Armó su pierna derecha y llevó al barcelonismo al mayor de los éxtasis para batir a un bochornoso Madrid. El fútbol se imponía a la intimidación. El deporte vencía a la marrullería. El Barça ganaba en la prórroga lo que el indigno Madrid quiso vencer en los despachos. A punto estuvo de hacerlo porque el colegiado le birló dos penaltis a los barcelonistas y el que pitó, que no era, lo anuló tras ver en el monitor que Asencio no había derribado a Raphinha. Era la última jugada del tiempo añadido y un partido fascinante, por juego, emoción y alternativas, se fue a la prórroga sobre el césped resbaladizo de La Cartuja. Había mandado el Barcelona, había reaccionado con furia el Madrid ya con Mbappé remontando el gol inicial de Pedri y Ferran puso el 2-2 cuando todo parecía casi perdido para los blaugrana. En la prórroga se llevó el premio el Barcelona, su segundo título de la temporada tras la Supercopa. Tercera victoria ante el Madrid en la campaña y ahora por la Champions y la Liga. El Barça de los jóvenes, de la pandilla maravilla, lo celebraba con pasión. El Barça que solo irradia ilusión batía a este Madrid que lo quiere ensuciar todo cuando el fútbol no le da. Koundé ya es como Iniesta, como Bakero, como Koeman, un héroe en el mejor momento. Se lo merecía.
Koundé lleva al barcelonismo al éxtasis con un trallazo inolvidable