El Liverpool había hecho ya casi todo el trabajo y sólo necesitaba un punto frente al alicaído Tottenham para ser matemáticamente campeón. Pero se dio un festín en toda regla, superando un tanto en contra a los 12 minutos-nada más que un pequeño susto- con cinco goles como cinco soles, de todas las facturas (Díaz, Mac Allister, Gakpo, Salah y Udogie en propia meta). La mejor celebración posible.

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