Sesenta años habían pasado desde el último título del Espanyol, allá por 1940. Muy pocos pericos habían nacido para verlo. Por eso, el 27 de abril del año 2000 es una fecha que ningún aficionado blanquiazul olvidará. Unos 25.000 tomaron la carretera para hacer una caravana inolvidable hacia Valencia y vivir una noche histórica que recordarían durante años. La de Mestalla fue la final de Tamudo, que se convirtió en el referente de toda una generación gracias a un gol de pillo, inverosímil, de esos que lanzan carreras y también las hunden, la de Toni Jiménez, portero del Atlético, por ejemplo. Fue la final de Paco Flores, entrenador de la casa que había cogido al equipo meses antes para evitar un desastre, también la de Daniel Sánchez Llibre, presidente entonces del club que sufrió como pocos las vicisitudes del cargo. El líder de la defensa era Mauricio Pochettino, otra institución en el club; en el medio ya destacaba, de hecho marcó el segundo gol (2-1 al final), un jovencísimo Sergio González, y el brazalete lo portaba Moisés Arteaga, encargado de recibir la Copa de manos del Rey Juan Carlos I.

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