Por segunda noche consecutiva, el Barça ha jugado una final del Joan Gamper, aquel trofeo de agosto propicio al fútbol vistoso, los goles en abundancia y las alegrías. Se trataba de pasarlo bien, descubrir las novedades, zamparse un frankfurt y volver a casa a las tantas cargado de ilusiones. Este miércoles por la noche, como el sábado en Sevilla, el Barça marcó nada menos que tres goles pero se llevó un empate, mal resultado para un partido de ida que, sin embargo, alegró a la parroquia y entretuvo a medio mundo, 24 horas después del tostón que Arsenal y PSG ofrecieron en Londres.

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