Todo el mundo sabe que le debemos a Picasso aquello de “la inspiración existe, pero te tiene que encontrar trabajando”. Paul Valéry fue un poco más allá: “La inspiración es la hipótesis que reduce al autor al papel de un observador”. Ambas sentencias coinciden pues en el hecho sorprendente que la inspiración, por mucho que nos empeñamos en convocarla, llega cuando quiere. Aunque por momentos tengamos la sensación de que sostenemos sus riendas, y que la podemos hacer ir por allí donde queremos, de hecho, tiene agenda propia. Entra y sale de nuestras vidas de manera caprichosa, y de acuerdo a alineaciones de astros imprevisibles.

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