Cuando el fútbol se convierte en una cuestión de prioridades, las menos importantes suelen ocultar una bomba de racimo. Estuvo a punto de estallarle al Barça en Valladolid, frente al último clasificado, descendido hace un buen rato y enredado en una crisis que no repara en gastos. Ronaldo, principal accionista del club, ni se acerca al palco de Zorrilla. Flick tuvo que recurrir a la caballería, encabezada por Lamine Yamal, para evitar un desastre bíblico. Quedó claro que la prioridad se había situado en San Siro, donde el Barça se jugará el pase a la final de la Copa de Europa. Flick confeccionó una alineación inédita, integrada por una amplía mayoría de suplentes, algunos de ellos con escasos minutos esta temporada, un debutante –Dani Rodríguez– en la posición de Lamine Yamal y el regreso de Ter Stegen a la portería.
Una bomba sin detonar