El ciclismo ha cambiado tanto que nadie quiere aprender, que todos los jóvenes que llegan al pelotón se las dan de sabios y quieren ser maestros sin haber sido alumnos. No les gusta crecer despacio, a la sombra, porque no están hechos para esperar ni toleran fácilmente la frustración.
Cuando Ayuso conoció el Mortirolo