A partir del 1-0, el Barça jugó excesivamente revolucionado en busca del gol. Especialmente en los pases finales, donde la voluntad para encontrar situaciones de gol rápidas penalizaron la precisión en el último tercio. En este tramo se encontró mucho a las extremas Graham Hansen y Salma pero no se tuvo la paciencia de girar el juego para que tuvieran contextos propicios. Y eso derivó en muchas conducciones interiores de las dos. El Barça acabó firmando un 80% de fiabilidad de pase y remató solo el 11% de los 36 centros. Es normal que, a contra reloj, el juego se acelere pero al Barça le ha costado este año afrontar escenarios así.

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