Un álbum sin cromos es como un libro con las páginas en blanco. Pero unos cromos sin álbum son como una casa que no tiene techo bajo el que cobijarse. Durante años y años el odiado PSG de financiación qatarí tuvo los cromos con los que todos los niños podían soñar. Los fue acumulando, comprando y mezclando. Pero no tenía álbum, carecía de techo y su casa siempre terminaba inundada y con más boquetes que un queso gruyère. Gastaba y gastaba sin dar con la tecla porque le faltaban cimientos, estructura, trabajo, solidaridad y aquellos elementos indispensables para convertirse en el rey de Europa. No lo ha logrado hasta que no ha invertido con sentido, hasta que no ha encontrado a un entrenador capaz de convencer a sus jugadores de remar al unísono en la misma dirección y hasta que no se deshizo una por una de sus estrellas endiosadas, perdido Neymar en sus jaranas, fuera de su hábitat Messi y acostumbrado al individualismo Mbappé.

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